Juan 15. 8.

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Como ramas que somos de la vid, que es Cristo, al Padre le interesa que demos mucho fruto. Fructificar es algo natural de la vida física y espiritual. Fructificamos biologicamente engendrando hijos e hijas, fructificamos espiritualmente a través de cultivar el fruto del Espíritu en nuestro carácter; y a través de la gran comisión, trayendo nuevos creyentes y formando nuevos discípulos de Jesús

Juan 15.1-3.

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

El Señor nos dice claramente que toda rama, todo discípul@, ha de ser fructifero y para ello necesita limpiarnos, podarnos: esto es, cortar lo viejo y lo seco de una planta, lo que ya no producirá y solamente estorba para su futuro crecimiento. Al podar también se eliminan las plagas.

Padre gracias porque siempre estás amorosamente cuidando de mi. Porque eres bueno, para siempre es tu misericordia y te deleitas en bendecirme. Gracias porque deseas y esperas todo y lo mejor de mi, porque tienes fe en mi. Me has provisto con el poder de tu Espíritu Santo para que pueda caminar por ese camino de buenas obras que tienes preparado para mi, aun desde antes de la fundación del mundo, produciendo el fruto que esperas como labrador de tu reino. Limpia y quita todo lo que estorba para que esto se lleve a cabo. Levántate a tu lugar de honor sobre todas mis ambiciones, mis gustos y mis disgustos, sobre mi vida misma y transfórmame a la imagen de tu amado Hijo. En el nombre de Jesús, amén.

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