TRATÁNDOSE DE DAR, NADIE LE GANA A DIOS.

Dios mostró su amor y su generosidad al máximo, al enviar a su Hijo Jesucristo a morir en nuestro lugar, con la finalidad de salvarnos de la muerte eterna. Se dio sacrificialmente hasta verter la última gota de su sangre, en la cruz.

Juan 3.16.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Poder darnos la vida eterna, le costó todo, pero lo hizo porque nos ama. Dios es el dador de la vida. Dios es un dador abundante. Al darnos a Jesús, nos dio lo mejor de Él, nos proveyó para la necesidad que nunca podríamos suplir por nuestros medios. Cuando damos, traspasamos a otros un beneficio, un remedio, un consuelo al necesitado. Cuando damos nos desprendemos de algo de nuestra posesión. La vida no existiría sin dar. Dar es lo contrario al egoísmo, al retener, a la codicia y a la avaricia.

1 Timoteo 6. 17.

A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.

Padre, gracias porque tú puedes y quieres darme tu amor y tus bendiciones generosamente. Me invitas a pedirte sabiduría, con la promesa que me la darás abundantemente y sin reproche. Gracias porque me pides no estar afanoso por nada, sino que venga delante de ti y te pida en toda oración y ruego, con acción de gracias y tu paz, que sobrepasa todo entendimiento, guarda mi corazón y mis pensamientos en Cristo Jesús. Gracias porque me invitas a probarte cuando doy mis diezmos, con la promesa de abrirme las ventanas de los cielos y derramar bendición hasta que sobreabunde. Gracias por tu hermosa promesa de darme tu Espíritu Santo, cuando te lo pido, y tu promesa de darme todas las cosas, poniendo el ejemplo de que no escatimaste a tu propio Hijo para salvarme, en el nombre de Jesús, amén.

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