RECUPERAR EL EQUILIBRIO

Las malas noticias, los sucesos de la vida diaria, el confinamiento que llevó al aislamiento, el adaptarnos a trabajar en casa, las bajas en los ingresos, la muerte de seres queridos, etc., nos han sacado de balance.

Mareados, confundidos, atemorizados y/o enojados, nos hemos desenfocado de nuestra relación con Dios, al punto de ya no saber como redireccionarnos a Él y a su Palabra. Con las emociones alteradas, los pensamientos entran en una espiral que nos lleva hacia arriba o hacia abajo; preocupándonos de multitud de cosas. Recordemos esta verdad: ¡Si Dios es por nosotros, quién contra nosotros!

Romanos 8. 35, 37. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Padre amado, mi bendito Señor, hoy vengo a ti cansado y aturdido por la temporada que hemos estado viviendo, llena de incertidumbre, amenazas, enfermedades. Te pido perdón porque en vez de acercarme a ti, me he alejado, provocando dentro de mí caos, confusión, ansiedad y miedo. Te pido que tu Espíritu Santo me recuerde tu palabra implantada en mi corazón. Que pongas un guarda armado a la puerta de mis labios para no hablar conforme a todas estas mentiras que estamos viviendo, sino conforme a tu verdad: ¡Tú nunca me dejarás ni me desampararás! Mayor eres en mí que el que está en el mundo. No me ha sido dado un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio. Ningún arma forjada contra mi prosperará, condenaré a toda lengua que se levante contra mí en juicio. No me sobrevendrá ninguna tentación que no sea humana, porque tú eres fiel y no dejarás que sea tentado más de lo que puedo resistir, sino que juntamente con la tentación me darás la salida para poder soportar. ¡Soy más que vencedor! Hoy volteo mis ojos a ti, y con mi mirada puesta en tu presencia, en tu gran amor por mí,  te pido que me envuelvas hoy en tus brazos eternos, con tu SHALOM, tu paz perfecta, que sobrepasa todo entendimiento, y así como ordenaste la tierra en el principio, y vino la luz y se ordenaron las aguas, se ordenen todos mis pensamientos y mis emociones a la obediencia en Cristo. En el nombre de Jesús, amén.

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