DOMINIO DE LAS EMOCIONES

Nuestro Dios y Padre tiene emociones y sentimientos. En muchos pasajes de la Biblia descubrimos su personalidad (intelecto, emociones y voluntad), pura, firme y perfecta. Dios no es voluble, no es de doble ánimo. De igual manera, Jesucristo, el Hijo de Dios, nos mostró que lloró, que sintió compasión por las multitudes y se enojó con aquéllos que hacían de la casa de su Padre, una cueva de ladrones. Sin embargo, sus emociones y sentimientos nunca traspasaron los límites, haciéndose pecaminosos.

Nuestro problema con las emociones y los sentimientos, es que muchas veces nos hacen reaccionar de manera injusta, dañando a otros y dañándonos a nosotros mismos. Stg. 1.20; Hch. 13.45.

Proverbios 15. 18. El hombre iracundo promueve contiendas; mas el que tarda en airarse apacigua la rencilla.

Padre, gracias porque la comprensión de la verdad , de tu palabra, me liberta y activa en mi emociones disfrutables. Detona la fuerza emocional del amor, la fe y la esperanza, y puedo entrar en la atmósfera del reino de los cielos para vivir en la tierra en una atmósfera de justicia, gozo y paz del reino de los cielos. Gracias porque tú me entiendes  y porque tus emociones fluyen constantemente tu persona hacia mí al permanecer en Cristo. Gracias porque tú nunca cambias y tus sentimientos son eternos, en el nombre de Jesús, amén.

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