EJERCER LA AUTORIDAD COMO JESÚS

Si tú eres un padre o una madre de familia, sabes que tu autoridad es continuamente desafiada… desde el bebé que te hace “el berrinche” y se sale con la suya, hasta el adolescente que se te planta enfrente y te responde: “Me vale, no lo voy a hacer…” al darle una instrucción. O que tal el “mustio o la mustia” que te dice sí a todo, pero en realidad te está “dando el avión”.

Duele ver como la sociedad actual ha perdido el respeto a la autoridad, cualquiera que sea: La crítica y la burla a los gobernantes es el pasatiempo favorito de millones. En redes sociales se insulta de mil maneras a quién ostenta algún puesto de liderazgo y quiere establecer cierto cambio, conducta o reglamento.

¿Qué decir de la deshonra a los padres y madres? El abuso a las mujeres ha provocado que protesten y se rebelen de manera agresiva, por las innumerables violaciones a su dignidad como seres humanos. ¡Ya basta de tanta violencia y abuso en su contra!

Sojuzgar y señorear significa dominar y mandar sobre alguien, desde una posición de superioridad. Eso hemos hecho con animales y plantas; pero Dios nunca le dijo a Adán que sometiera a Eva a la fuerza. Estas distorsiones fueron la consecuencia del pecado de desobediencia y de rebelión contra Dios mismo. Peor aún, al desobedecerle pasaron a estar bajo la autoridad del mayor rebelde del universo: Satanás y sus ángeles.

Gracias al Padre que envió al Señor Jesús a restaurar el Reino de Dios en los corazones de todos los que hemos créido en Él y lo hemos declarado SEÑOR; es decir GOBERNANTE DE NUESTRAS VIDAS. Su gobierno, cimentado en amor y en justicia, debe estar impactando nuestro ser en general, y especialmente en las relaciones sociales donde gobernamos, donde somos reyes (líderes) que establecen su orden y su paz.

Padre perdóname por haberte fallado como autoridad siempre, te he representado incorrectamente, tanto en el ámbito familiar, como en el matrimonial, laboral, gubernamental, y aun como autoridad espiritual he abusado de los que están bajo mi cuidado, al punto de someterlos y esclavizarlos. Todo lo que he hecho y dicho distorsiona tu autoridad legítima establecida en tu palabra, desfigura el derecho de la libertad humana, condiciona, domina, controla, manipula, violenta e intimida a mi prójimo. ¡Nada más lejos de tu deseo al crear a tu imagen y semejanza al hombre! No para señorear unos sobre otros, sino para amarse unos a otros, como amo tú nos amaste desde el principio. Perdona , limpia, dame un nuevo corazón libre de estas atrocidades y capaz de amar como tú amas, en el nombre de Jesús, amén.

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