La Biblia dice que sin fe es imposible agradar a Dios. Así que si tuviéramos una fe mayor viviríamos mejor y Dios estaría complacido con cada uno de nosotros. ¿Quisieras tener una gran fe? Te gustaría escuchar al Padre decir de ti: “Este es mi hij@ amad@ en quién me complazco”.
La fe crece o disminuye, se parece a los músculos del cuerpo, ahí están, pero en unas personas están fuertes y en otras flácidos y débiles. Sabemos que cuanto más nos exponemos a la Palabra de Dios, y la practicamos, más grande será nuestra fe. Por el contrario, si somos negligentes en la lectura y meditación de la Escritura, nos exponemos a que las ideas de este mundo humanista fluyan en nuestra cabeza, llevándonos a dudar o incluso a negar la fe en Cristo. ¡Necesitamos regresar y permanecer en la Palabra! El Señor nos lo dice:
Juan 15. 7. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
Si te encuentras desmotivado, cansado, triste, hoy es tiempo de volver a la palabra, y mientras meditas en ella, reconocerás la voz de Dios, y dirás: ¡Es cierto, es verdad! Tu alma será vivificada, sentirás su vida, nuevas fuerzas y entusiasmo para seguir adelante. Cada día un poco más, hasta que seas confirmado y tu deseo será ayudar a otros a tener lo que tú tienes. No dejes de congregarte, para que unos a otros seamos animados y así, no descuidar tu vida de fe.
Padre, gracias por tu palabra, porque al andar en ella soy bienaventurado y nunca avergonzado. Mis caminos son ordenados y encuentro tu paz, que sobrepasa todo entendimiento. Meditaré en tu palabra, me gozaré en ella y no me olvidaré de tu enseñanza. Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu palabra, revélamela con tu Espíritu Santo, pues estoy quebrantado de desear entender y seguir tu palabra a cada paso de mi vida, en el nombre de Jesús, amén.
