VOLVÁMONOS AL SEÑOR, POR EL ESPÍRITU SANTO

La realidad es que hemos contristado al Espíritu Santo. ¡Arrepintámonos!

Ef. 4. 30-31. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

¿QUÉ LO ENTRISTECE?: Nuestra desobediencia al Padre y al Hijo, cuando
retenemos imágenes y pensamientos pecaminosos y cometemos actos injustos; cuando dejamos de buscarlo a diario y nos alejamos de Él y su Palabra, todo eso le entristece. Si ofender a un amigo que nos ama duele, cuanto más al Espíritu Santo que ve desde dentro como nos estamos dañando. ¡Él vive dentro de nosotros!

El Espíritu Santo es fuente de luz para de muchas maneras: Te muestra tu pecado, ilumina la verdad de la Palabra y te muestra la gloria del Señor Jesucristo, que te transforma a su imagen. Cuando cierras los ojos a su luz, LO RESISTES. LO CONTRISTAS, o incluso LO APAGAS.

1 Juan 1. 5. Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.

Padre, gracias por tu precioso Espíritu Santo, que mora dentro de mí. Siempre me acompaña, me guía, me consuela, me abraza. Gracias porque en todo momento me aconseja. Perdóname por haberlo ignorado, por cerrar mis oídos a sus palabras, por no obedecer, por persistir en el pecado, aun cuando me está advirtiendo que me aparte.  Ahora sé que siguiendo lo que me habla, todo lo que haga saldrá bien.  Concédeme tu gracia para no volver a caer, en el nombre de Jesús, amén.

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