¡QUIERO SER TRANSFORMADO!

La Palabra nos enseña que tenemos un Dios maravilloso, que se ha revelado desde la creación. En el Antiguo Testamento lo hizo con diversos nombres, para que pudiéramos comprender sus cualidades y atributos. En el Nuevo Testamento, Jesús vino a mostrarnos al Padre y a abrirnos las puertas de regreso a Él, redimiéndonos con su Sangre, de la maldición del pecado.

Y antes de volver al cielo, Jesús dijo que enviaría al Espíritu Santo, para guiarnos a lo largo de nuestra vida, revelándonos su Palabra y glorificándolo. Hoy más que nunca, permitamos al Espíritu Santo ser nuestro guía.

1 Corintios 2. 9-10. Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman. 10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

CREEMOS GRACIAS AL ESPÍRITU SANTO. Él está convenciéndonos de que Jesucristo es el Señor de nuestras vidas. Es quien nos quita las vendas, la ceguera espiritual, y nos vivifica para comprender la Palabra, aceptarla y ponerla en práctica. El Espíritu Santo esperó pacientemente hasta atraernos con lazos de amor a Jesús, convencernos de nuestros pecados y guiándonos a arrepentirnos.

1 Corintios 12. 3. Por tanto, les hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

Padre, ¿dónde estaría sin tu Espíritu Santo? Gracias a su ayuda y a su convicción creí con el corazón y confesé con mi boca a mi Señor Jesús, tu Hijo. Y gracias a ello puedo ser tu hijo, ser una nueva criatura y llamarte: ¡Abba Padre! Continuaré renovando mi mente, conforme a tu palabra, para conocer tu buena voluntad, buena, agradable y perfecta. En el nombre de Jesús, amén.

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