Si reconocemos que nuestra relación con el Señor Jesús es de Maestro a discípulo, estamos colocados en la posición correcta para escucharle con atención, y comprender sus enseñanzas, para creerlas y practicarlas. La expectativa del Maestro es contar con seguidores que vivan lo que van aprendiendo, para que su
caminar sea de FE y OBEDIENCIA.
Para Dios, la fe y la obediencia son inseparables: Sí amamos a Cristo, le escucharemos y le obedeceremos. Él mismo lo dijo:
Juan 14. 15. Si me aman, obedezcan mis mandamientos. NTV.
Si hoy no estamos obedeciéndole, reflexionemos: O no le amamos, o no le creemos, o queremos seguir en nuestros propios razonamientos o sentimientos. El libro de Santiago nos dice: “De qué sirve la fe, si no vamos a practicarla”.
Stg.2. 17. Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
¿Cómo sería el mundo si todos obedecieramos al Señor? ¡El cielo gobernaría la tierra! Le amaríamos a Él y nos amaríamos entre nosotros; habría justicia y paz en todas las naciones.
Padre, hoy escucho con atención tus palabras, te doy gracias por cada una de ellas, son un tesoró para mi vida y me dispongo a meditarlas y ponerlas por obra, con obediencia, cada una de ellas. En el nombre de Jesús, amén.
