El Padre dice hoy, no eres un hijo del atrio exterior. Este día Yo te llamo hijo, hija de los atrios interiores de mi presencia. Yo te llamo más hacia adentro, hacia mi tabernáculo en los cielos, al mismo lugar donde Jesús roció su propia sangre de expiación después de su pasión en la Cruz. Yo hablo acceso para ti. Yo hablo de los derechos del Calvario sobre ti.
No mires las cosas que quedaron atrás en el pasado. No te distraigas con el ruido de sables del enemigo que te amenaza en el presente. Yo formo la luz, y el maligno también es un ser creado que no te tocará con uno de sus dedos para lastimarte o molestarte. Sé ese siervo de quien se dice que Yo guío con mi ojo mientras te llevo por el sendero caminando sobre el agua donde los leones no comerán, la tormenta no se desbordará y el desierto no devorará.
Este es tu momento, dice Dios. Cuando solo una gota de la preciosa sangre cae sobre la línea de tiempo de tu vida, lo torcido se endereza, el pasado se desenreda y el futuro se extiende ante ti en una línea ininterrumpida de favor, propósito y destino desplegado. Yo estoy aquí. El enemigo miente y te dice que Yo soy un Dios lejano, pero Yo no soy un Dios lejano. Yo estoy tan cerca de ti como el aliento de tu nariz, tan cerca de ti como tus manos y pies. Mira debajo de una piedra; Yo estoy ahí. Rompe un palo y encuéntrame en el tuétano de esa rama mirándote. No hay ningún lugar en el que esté más o menos presente de lo que Yo estoy contigo ahora mismo.
Este día, Cristo en ti, lo que envié al Hijo a realizar te está cambiando interiormente, exteriormente y fundamentalmente está preparándote para este día y este momento de triunfo y victoria sin igual. RW
