A la vieja naturaleza del ser humano se le llama “carne”. “La carne” siempre se inclina a rebelarse y a desobedecer a Dios. A “la carne” le gusta hacer lo que quiere, seguir sus malos deseos, le gusta pecar deliberadamente, produciendo frutos de muerte. La carne no tiene remedio, tiene que morir en la cruz a diario.
Aprendamos a mantenerla “crucificada juntamente con Cristo”. Como ya tenemos una nueva naturaleza espiritual, que ama y desea obedecer a Dios, y tenemos al Espíritu Santo; aprendamos a vivir en el Espíritu, es decir, activando su voluntad. Para ello el “alma” ha de ser renovada, sustituyendo las antiguas formas de pensar y los malos hábitos, por una vida conforme a Dios y su Palabra.
Un ejemplo: Alguien te trata mal, injustamente. “La carne” inmediatamente quiere pagar con la misma moneda; ya que no fuimos entrenados a “perdonar” en automático, sino a vivir el “ojo por ojo”.
Colosenses 3. 5. Por lo tanto, hagan morir en ustedes todo lo que sea terrenal: inmoralidad sexual, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia. Eso es idolatría. RVC
Alimentando diariamente el alma y el espíritu con la Palabra de Dios y sobre todo decidiendo obedecer al Señor, iremos conformando una nueva vida, ya no seremos dominados por la “vieja naturaleza”, resistiéndonos por medio de la fe a seguir sus malos deseos. De esta lucha personal saldremos vencedores únicamente por medio Jesucristo. ¡Aprendamos a escuchar su voz y a seguirla, y estaremos cultivando el fruto del Espíritu de Cristo!
Padre, solo quiero oír tu voz. Distinguirla de entre todo el ruido de lo cotidiano, de las circustancias, de los problemas, de las distracciones y seguir lo que tu Santo Espíritu me muestra diariamente. En el nombre de Jesús, amén.
