1 Juan 2. 1. Hijitos míos, estas cosas les escribo para que no pequen; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
Jesucristo es nuestro abogado y quien nos justifica ante el Padre. Él pagó por nuestra libertad clamando en la Cruz: “Consumado es”.
El precio fue pagado y su obra terminada. No permitirá que nos sea quitado lo que nos ha dado.
Romanos 9. 34. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
EL DIABLO ES EL ACUSADOR.
Satanás nos acusa, presentando sus demandas ante Dios, para que no recibamos lo que nos pertenece. Trae a la corte nuestro pecado, solicitando que se cumpla el castigo, la condena, la paga correspondiente, que es la muerte. El adversario, el acusador, quiere que se cumpla la ley. Necesitamos comprender esto, porque quizá hemos orado por años, sin recibir respuesta, en virtud de alguna puerta donde dimos derecho al diablo a seguir esclavizándonos, empobreciéndonos y enfermándonos. El acusador presenta argumentos legales para detenernos, para que no se cumpla el propósito de Dios en nosotros. Anda como león rugiente, buscando cada acto donde violamos la ley divina.
1 Pedro 5. 8. Sean sobrios, y velen; porque su adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; 9 al cual resistan firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en sus hermanos en todo el mundo.
Padre, hoy te pido perdón por todo pecado, a través de mi abogado y redentor Jesucristo, para recibir el perdón de pecados mediante su sangre y la anulación del decreto en mi contra, para recibir el veredicto de absolución y libertad, en el nombre de Jesús, amén.
