Quien busca alabanza para sí mismo, está bajo la influencia del orgullo, no ha entendido que toda la gloria le corresponde solo al Creador. Siendo sinceros, si no fuera por el Señor Jesucristo, ¿dónde estaríamos hoy? Seguiríamos muertos en delitos y pecados.¡Aprendamos a ser agradecidos con el Padre, alabándolo y adorándolo de continuo!
Hay un pasaje en Isaías 14, que en el contexto inmediato se refiere al rey de Babilonia, pero los eruditos nos señalan que habla de la caída de satanás del cielo, por intentar usurpar el lugar que solo le corresponde al Señor.
Isaías 14. 12-15. ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. 13 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; 14 sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. 15 Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo.
Por supuesto que Dios derribó al envanecido querubín… verso 15. Ezequiel 28. 14- 15. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. 15 Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.
No alabar a Dios regularmente, es un indicativo del desconocimiento que tenemos del Padre y de su gran salvación; y de que seguimos en auto suficiencia y rebeldía hacia Cristo. Todo ser humano “caído” se considera su “propio dios”. ¡Qué engaño!
Padre, quita hoy todo engaño de mi corazón. Abre mis ojos para que pueda ver tu grandeza. A ti, solamwnte a ti alabaré por siempre, en el nombre de Jesús, amén.
