El Señor nos puso en un lugar de privilegio, como coherederos de su gloria, pero con la condición de “nunca tomar lo que solo a Él le pertenece”: La alabanza, y la adoración voluntaria de nuestros corazones.
Isaías 43. 5 – 8. No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré. 6 Diré al norte: Da acá; y al sur: No detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra, 7 todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.
¡Anunciemos y proclamemos su grandeza y sus maravillosas obras! Echemos fuera de nuestro ser la tibieza, la incredulidad y la duda y llenémonos de fe y de expectativas de su gran mover en esta hora de la historia, en la cual tú y yo somos participantes activos.
Hageo 2. 9. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.
Salmo 150. 1-2. Alabad a Dios en su santuario; alabadle en la magnificencia de su firmamento. 2 Alabadle por sus proezas; alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza.
Padre, gracias por este maravilloso privilegio de poder acercarme a tu misma presencia, bañado y santificado por la preciosa sangre de Jesucristo, a cantar tus maravillas
