La curiosidad puede ser buena, pero en un mundo tan contaminado puede convertirse en una trampa que nos lleve a la maldad. Dios no quiere que “experimentemos” lo malo, sino que lo discirnamos para rechazarlo. La pureza se fortalece al decidir no alimentar nuestros sentidos (vista, oído, etc.), con lo que despierta los malos deseos que después son más difíciles de dominar.
Romanos 16:19 (RVC). La obediencia de ustedes ha llegado a ser bien conocida por todos, lo que me llena de alegría por ustedes; pero quiero que sean sabios para el bien, e ingenuos para el mal.
¿Qué tipo de contenido, conversación o “curiosidad” estoy permitiendo que me acerque al mal?
No todo lo que puedo ver, me conviene mirar.
Padre, dame sabiduría para escoger lo que me edifica. Ayúdame a cerrar toda puerta a lo que contamina mi mente y a amar lo que es santo. Fortalece mi ser interno por tu Espíritu Santo. En el Nombre de Jesús, amén.
