La culpa no es para esconderme de Dios, sino para correr a Él.

La culpa no es para esconderme de Dios, sino para correr a Él.

Después de pecar, nacen la culpa, la vergüenza y el miedo. Adán y Eva

intentaron cubrirse y esconderse de Dios y luego culparon a otros. Pero la culpa tiene un propósito: Llevarme al arrepentimiento y restaurar mi relación con Dios. Si no me vuelvo a Él, el pecado se convertirá en esclavitud; si vuelvo a la obediencia, caminaré en justicia y libertad.

Versículo bíblico:

Romanos 6:16-17 (RVC) ¿Acaso no saben ustedes que, si se someten a alguien para obedecerlo como esclavos, se hacen esclavos de aquel a quien obedecen, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia? 17 Pero gracias a Dios que, aunque ustedes eran esclavos del pecado, han obedecido de corazón al modelo de enseñanza que han recibido.

Pregunta de reflexión:

Cuando fallo, ¿mi reacción es esconderme, justificarme, o correr a Dios en arrepentimiento?

Frase:

La vergüenza me hace esconderme; el arrepentimiento me lleva de vuelta al Señor, quién me perdona y me restaura.

Oración: Padre: Renunció a esconderme y a culpar a otros al pecar. Hoy me vuelvo a ti con honestidad, para ser lavado con su Sangre, ser perdonado y restaurado. Enséñame a vivir en obediencia y a mantener un corazón limpio. En Cristo Jesús solamente podré hacerlo.

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