Habiendo nacido de nuevo, ya tenemos una medida de fe que podemos hacerla crecer. El proceso consiste en tomar la iniciativa de buscar al Señor y sus Palabra a diario, para creerla con el corazón, confesarla con la boca y actuarla ante las circunstancias, sin titubear.
Santiago 2. 14-17. Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
Aprendamos a detectar y a renunciar a la duda, al temor y a la incredulidad, porque eso “aborta” la fe. Ej. Pedro caminando sobre el agua. Mt. 14.31.
Santiago 1. 6-7. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 7 No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.
Si me aferro a la Palabra, y mantengo la mirada en el Señor, la incredulidad no producirá un aborto espiritual. La incredulidad surge de la ignorancia a la Palabra y del engaño y la flojera de nosotros.
Padre perdona toda incredulidad, flojera, procrastinación. Renuncio a ella. Gracias porque por medio de tu Espíritu Santo tú me das el querer y el hacer por tu buena voluntad. Ayúdame a trabajar diligentemente en el fortalecimiento de mi fe. En el nombre de Jesús, amén.
