La “ley del pecado” opera como la gravedad: Siempre está ahí, pero puede ser vencida al caminar en la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús. Cuando extiendes tus “alas espirituales” declarando la Palabra y reclamando lo que Cristo ganó a tu favor; la tentación pierde fuerza y muere. Dios quiere humildad: Dar cuentas a una autoridad espiritual rompe el orgullo y abre la puerta a la gracia. Finalmente, no solo se trata de dejar el mal, sino de presentar nuestros miembros como instrumentos de justicia: Amar, servir, obedecer y hacer todo para la gloria de Dios.
Versículo bíblico:
Romanos 12:21. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.
Pregunta para reflexión:
¿A quién debo rendir cuentas y en qué práctica buena (amor, servicio/justicia) debo enfocarme para vivir mi libertad?
Frase:
No solo dejo el pecado, abrazo el propósito del Señor para mi vida.
Oración:
Padre, enséñame a vivir en la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús. Me humillo para rendir cuentas y recibir tu ayuda. Llena mis manos de actos de amor y de justicia, y mi corazón de pasión por amarte y glorificarte. En el Nombre de Jesús, amén.
