El Padre dice hoy, perdona, suelta y bendice pase lo que pase. No importa cuán profundamente hayas sido herido o cuán atrozmente hayas sido agraviado, es imperativo que dejes ir todo eso. No puedes avanzar hacia lo que Yo te he prometido hasta que te deshagas de todo el equipaje de las ofensas del pasado. La ofensa y la negativa a permitir que tales cosas se sanen solo obstaculizarán y retrasarán la apertura de los cielos en tu vida. Las ofensas y las heridas te inmunizan de mi promesa. Cuando el perdón, el verdadero perdón sincero, no se realiza, quedas prisionero detrás de las rejas de cada recuerdo amargo y tu único sustento será el pan mohoso de las decepciones de ayer y las amargas aguas de Meribá, donde los huesos de los incrédulos yacen blanqueándose al sol.
Di en tu corazón: “No soy una víctima”. Ya sea que sientas la autenticidad o no, di dentro de tí mismo: “Yo perdono. Yo suelto. Yo bendigo;” y luego nombra a todas las personas cuya conducta ilícita hacia ti atormenta tus pensamientos. La falta de perdón es como una planta venenosa que esparcirá su veneno por la tierra fértil de tu corazón hasta que no haya más lugar para mi promesa. Esa no es tu porción amado. Es hora de quitar las malas hierbas del jardín. Es hora de erradicar los crecimientos no regenerados y contaminados de la decepción, las heridas, el dolor y el resentimiento del pasado. Tráelos a la Cruz. Déjamelo a mí. Sacúdete y sigue adelante. Te estás moviendo a tiempo ahora. La promesa, la brillante promesa de mi bondad te espera en el primer paso que des para sacar el pasado y te adentres en lo que te espera en mi reino. RW
