El Padre dice hoy, no tengo otro lugar donde habitar mas que el templo que eres. Yo te limpié y te edifiqué. Yo te he nombrado y te he embellecido con mi gloria. Nunca permitas que los elementos miserables del mundo y sus transgresiones te contaminen de ninguna manera. Eres elegido. Eres llamado. Apóyate en mi fidelidad y deja que la misma sea correspondida de regreso a mi trono. Mi reinado y mi majestad descansan sobre tu vida. La diadema de mi favor ha bajado sobre tu hombro este día. Mi gobierno te está guiando y estableciendo. Las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas. Abraza lo nuevo, dice el Padre, y abandona las viejas y deterioradas formas de ver las cosas que solo sirven para menoscabarte y robarte mi bendición.
Entra este día en mi sí y amén. Yo soy un Dios “sí” y un Dios “amén”. No estás descalificado. Yo no busco razones para excluirte de mi bondad. Todo lo que te pido que hagas es amar la misericordia y actuar con justicia y caminar humildemente ante mí. Todo lo demás es hipérbole y trivialidad. Acepta la invitación a una mayor gloria en este día. Conoce que el camino de acceso se te abre con la sangre derramada del Calvario. En Jesús, el camino está consagrado. Es mi consagración en los méritos del Calvario que se manifiesta en tu devoción a mí en la tierra. La santidad no es una palabra religiosa; es una palabra de alianza que establece en ti la obra consumada de la Cruz. Reconcíliate en tu mente con ese pensamiento y nunca te encuentres en las filas de aquellos que viven sus compromisos conmigo bailando al borde del abismo de la mundanalidad y la carnalidad. Yo te he elegido a ti. Tú eres mío y Yo soy tuyo y este día estás cruzando el umbral hacia un nuevo lugar de permanencia en mí. RW
