Cuando las necesidades afectivas del corazón no son plenamente satisfechas en este mundo, aparecen los sentimientos asociados al rechazo. Son múltiples las experiencias que provocan rechazo, ejemplos: ¡Mi padre/madre nunca me ha amado! En lugar de aceptarme, me discrimina, me critica. ¡En lugar de protegerme, abusa de mí, me maltrata y me abandona! Y cuando doy el amor que tengo, no lo reciben o lo consideran insuficiente; y me condicionan su aceptación a mi desempeño.
Todos hemos sido excluidos de ciertos grupos sociales que nos consideran no aptos para formar parte de ellos, nos han comparado con otros y hemos salido perdiendo; no hemos llenado su estándar de belleza y nos han hecho a un lado, etc.
EL RECHAZO HIERE EL YO: Hiere en espíritu, alma y cuerpo. Golpea la dignidad de la persona quebrantándola y generándole estrés mental y emocional. Un yo herido desarrollará una personalidad temerosa, insegura, inestable e inmadura en actitudes, conductas y formas de pensar; generándole aflicción.
Proverbios 15. 13. El corazón alegre hermosea el rostro; más por el dolor del corazón el espíritu se abate.
El rechazo produce baja autoestima, una imagen pobre, negativa y devaluada de sí mismo, debilita su identidad. El rechazo genera dos raíces más; el temor a más rechazo y el auto rechazo. Hay quienes responden al rechazo con agresividad, pagando con la misma moneda.
Padre, gracias por traer estas situaciones a la luz, mostrándome la verdad. Ahora puedo reconocerlas, perdonarlas y ser verdaderamente libre en el nombre de Jesús, amén.
