A Dios le apasiona relacionarse contigo. Al Señor Jesucristo y al Espíritu Santo también. Él nos ama a pesar y por encima de nuestra condición actual; por eso envió a su Hijo a salvarnos. Cristo Jesús nos reconcilió con el Padre, para vivir en amistad con Él, restaurarnos la dignidad y el valor que tenemos como seres humanos y para darnos una herencia. Permitámosle que nos sane de todo quebranto producto del rechazo, el abandono y el abuso que hemos vivido. Y también de las traiciones de los que se dijeron amigos nuestros.
• ¿QUÉ EFECTO PRODUCES EN TUS AMISTADES? Pregúntales.
• Y ¿QUÉ EFECTO PRODUCEN ELLOS EN TI?
Si tus amistades te están “sonsacando” para llevarte por caminos de vicio, de ocio, o cualquier otro, contrario a Dios; haz un alto y ponte límites. Quizá tengas que alejarte de las que te contaminan o quieren dominarte y controlarte.
Por otro lado, haz un recuento de tus amistades verdaderas, las que te animan a crecer, a madurar, a lograr tus metas y a seguir al Señor; valóralas y refréndalas en los términos y principios de la Palabra de Dios; son un gran activo en tu vida.
Job 22. 21-27. Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien. 22 Toma ahora la ley de su boca, y pon sus palabras en tu corazón. 23 Si te volvieres al Omnipotente, serás edificado; Alejarás de tu tienda la aflicción; 24 Tendrás más oro que tierra, Y como piedras de arroyos oro de Ofir; 25 El Todopoderoso será tu defensa, Y tendrás plata en abundancia. 26 Porque entonces te deleitarás en el Omnipotente, y alzarás a Dios tu rostro. 27 Orarás a él, y él te oirá; Y tú pagarás tus votos.
Padre, gracias por enseñarme. Por darme tu misma naturaleza. Tú eres amor, tú eres amigo, Jesús me llama amigo. Enséñame a vivir en tu amistad. En el nombre de Jesús, amén.
